Mientras el índice de riesgo país se desplomó hasta los 446 puntos —alcanzando su cifra más baja desde enero de 2018—, el país intenta conciliar este optimismo financiero con una realidad interna marcada por altos índices de criminalidad. Para Estados Unidos, Ecuador es hoy un pagador confiable; para sus ciudadanos, la seguridad sigue siendo la deuda pendiente.

Confianza financiera en niveles récord
El Ministerio de Economía y Finanzas confirmó que el indicador, elaborado por el banco de inversión J.P. Morgan, ha roto una tendencia de casi una década. Esta reducción de 1.479 puntos desde que el presidente Daniel Noboa asumió el poder en noviembre de 2023 refleja una agresiva estrategia de sostenibilidad fiscal que ha cautivado a los tenedores de bonos.
El motor de esta caída reciente fue el anuncio del pasado 16 de enero sobre la recompra de bonos con vencimiento en 2030 y 2035. Los inversionistas tienen hasta este lunes 26 de enero para formalizar su interés, una maniobra que busca aliviar la carga de la deuda externa y mejorar el perfil crediticio del Estado.
Mercados en calma, calles en crisis
El éxito de la gestión económica de Noboa plantea una pregunta incómoda para los analistas: ¿Por qué el riesgo país baja mientras las muertes violentas se mantienen en niveles alarmantes?
Históricamente, el índice EMBI (Emerging Markets Bond Index) mide la capacidad de pago y la estabilidad institucional desde una perspectiva puramente financiera. Los mercados parecen haber «aislado» el problema de seguridad de la solvencia del Estado.
- Gestión de liquidez: El mercado premia la puntualidad en los pagos y la reducción del déficit.
- Resiliencia estatal: A ojos de los inversionistas, el Estado mantiene su estructura operativa y su capacidad de recaudación a pesar del conflicto interno.
- Retorno al mercado: La caída del riesgo país permite que Ecuador regrese a los mercados internacionales para obtener financiamiento a tasas más competitivas.
Sin embargo, para expertos en sociología criminal, esta brecha es peligrosa. Mientras el capital fluye hacia los bonos soberanos, la inversión productiva local —aquella que genera empleo y combate las causas de la delincuencia— suele ser más sensible a la inseguridad física que al riesgo de impago.
Un hito que no se veía desde 2018
Para encontrar cifras similares a los 446 puntos actuales, hay que retroceder hasta enero de 2018, cuando el indicador rozó los 442 puntos. La diferencia sustancial radica en el contexto: en aquel año, Ecuador no figuraba entre los países más violentos de la región.
Hoy, el fortalecimiento de las reservas internacionales y el apoyo de organismos multilaterales actúan como un escudo financiero. No obstante, la sostenibilidad de este «milagro económico» a largo plazo dependerá de que el Gobierno logre trasladar la estabilidad de los indicadores a la paz en las calles. La confianza del mercado es volátil y, a menudo, la inestabilidad social termina por erosionar la solidez fiscal si no se controla a tiempo.

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