
A escasos días de que el balón comience a rodar en Norteamérica, el Mundial 2026 se encuentra bajo una severa ola de cuestionamientos. Por un lado, la cita deportiva se ha convertido en la más excluyente y costosa en la historia del fútbol mundial. Por otro, las estrictas políticas de seguridad y migración en Estados Unidos han provocado graves incidentes en los aeropuertos contra selecciones como Irán e Irak, cuyos miembros denuncian haber sido tratados bajo sospechas de terrorismo.
Elitización del fútbol: Los precios rompen récords
El polémico debut del sistema de precios dinámicos por parte de la FIFA ha transformado la adquisición de boletos en una verdadera odisea. Las cifras oficiales marcan un aumento abismal que ha mermado las posibilidades de viaje para miles de aficionados.
Para ponerlo en perspectiva, la entrada más económica para el partido inaugural del Mundial 2026 tiene un costo de USD 560, un valor diez veces mayor a los USD 55 de Catar 2022. No obstante, el mayor impacto se registra en la gran final de New Jersey, donde un asiento puede alcanzar la astronómica cifra de USD 32.970.
Consecuentemente, observadores independientes señalan que este torneo favorece únicamente a quienes poseen alta capacidad adquisitiva. Si a esto le sumamos los exorbitantes costos operativos, de transporte y de hospedaje en las 11 ciudades anfitrionas de EE. UU., el certamen se consolida como el menos accesible para el hincha común.
Atropellos migratorios: Delegaciones en el ojo del huracán
Más allá de la barrera económica, el escándalo más alarmante se ha gestado en las aduanas estadounidenses. La tensión geopolítica ha invadido las canchas, afectando la dignidad de varios deportistas de Medio Oriente que aterrizan en el continente.

Uno de los hechos más lamentables lo protagonizó recientemente el goleador de la selección de Irak, Aymen Hussein. El futbolista fue retenido en el aeropuerto O’Hare de Chicago durante siete horas por una presunta confusión de nombres. Tras su angustiante liberación, el jugador sentenció: > «Me trataron como a un terrorista».
Irán obligado a refugiarse en México

El caso más tenso recae sobre la selección de Irán. La delegación asiática se vio forzada a establecer su campamento base en Tijuana, México, tras una severa crisis de visados. El Gobierno de Estados Unidos negó el ingreso a más de quince directivos y miembros del cuerpo técnico.
Entre los sancionados resalta Mehdi Taj, presidente de la Federación de Fútbol de Irán. La administración norteamericana bloqueó su paso argumentando vínculos pasados con los Guardianes de la Revolución, grupo catalogado como organización terrorista por Washington.
Debido a estas fuertes trabas, el combinado iraní se someterá a un desgaste sin precedentes. A pesar de tener que disputar duelos en Los Ángeles y Seattle, la plantilla solo tendrá permitido cruzar la frontera hacia Estados Unidos el mismo día de cada partido.
El futuro de una Copa bajo presión
En definitiva, las retenciones aduaneras y los precios inalcanzables están eclipsando el espíritu festivo del deporte. Lo que el Mundial 2026 prometía como un escenario de unión global e inclusión, hoy enfrenta críticas por barreras migratorias excluyentes y un modelo corporativo implacable. El impacto de estas medidas marcará, sin duda, un precedente polémico para las próximas ediciones de la FIFA.



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