
El montañista español Chema Sánchez, de Salamanca, en la provincia Castilla y León, completó una hazaña extraña: coronar tres cumbres ecuatorianas de más de 5.000 metros en apenas siete días. Llegando prácticamente desde el nivel del mar y sin la aclimatación adecuada, Sánchez encadenó el Iliniza Norte, el Chimborazo y protagonizó un exigente ascenso al Cayambe, enfrentando condiciones climáticas severas, mal de altura y un desgaste físico y mental extremo.
El Nevado Cayambe: El desafío más técnico y desmoralizante
Aunque el reto incluía tres colosos, el imponente Nevado Cayambe (5.790 metros) se presentó como el verdadero punto de quiebre en la expedición. Tras subir el Iliniza Norte (5.248 metros) ahogado por la falta de oxígeno en una sola jornada —en lugar de los dos días habituales—, el cuerpo de Sánchez no tuvo margen de recuperación antes de llegar a Pichincha.
El ascenso al Cayambe se reveló implacable. El montañista describe a este volcán como «una montaña más alta, más técnica y mucho más exigente».
El mal de altura golpeó con fuerza al aventurero en las laderas del nevado. “No dormí ni media hora. Con el mal de altura no comes, no descansas… simplemente tiras hacia arriba como puedes”, relató Sánchez, reconociendo que el desgaste acumulado en esta cumbre lo dejó «bastante desmoralizado» de cara al resto de su aventura.

El Chimborazo: Riesgo extremo y lágrimas en la cumbre
Con el cuerpo ya roto tras la dura experiencia en el Cayambe, la expedición se trasladó al punto más alejado del centro de la Tierra: el Chimborazo (6.268 metros). Las condiciones en este coloso eran sumamente peligrosas debido a nevadas recientes y temperaturas extremas. “Hacía quince días había muerto gente y el guía estaba constantemente evaluando si podíamos seguir o no”, recordó el montañista.
Durante el ataque nocturno a la cumbre, su compañero de cordada, Israel, sufrió. Fue entonces cuando Sánchez tuvo que apelar a la resistencia psicológica. Avanzó paso a paso, enfocando su mente y apoyándose en el recuerdo de su madre para encontrar fuerzas donde el físico ya no respondía.
Al pisar la cima, la emoción lo desbordó. “Se me saltaron las lágrimas”, confesó. Sin embargo, el festejo fue breve, ya que el descenso le pasó factura, obligándolo a bajar con una lesión en la rodilla.
El sufrimiento detrás de la hazaña
Para Chema Sánchez la montaña no se romantiza. Reconoce con crudeza que se trata de un «sufrimiento extremo» que pragmáticamente no tendría sentido, pero que cobra un valor incalculable a nivel emocional. “Es vencer a tu cabeza y a tu cuerpo y tirar un poco de ego”, concluyó.
Tras superar a los gigantes de los Andes ecuatorianos y sobrevivir a la imponente pared del Cayambe, el deportista ya tiene la mirada puesta en su próximo desafío: coronar los 7.134 metros del Pico Lenin, en Kirguistán, este próximo mes de junio.




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